Juanjo de Tierra

Juanjo de Tierra nació en Morata de Jalón en 1972 y pasó su infancia y juventud en el barrio de Las Planas, en Sant Joan Despí, Barcelona. Más tarde vivió en Zaragoza y, años después, regresó a Morata, lugar de origen de su familia y uno de los territorios fundamentales de su memoria y de su escritura.
Escribe poesía desde que recuerda. Durante una larga etapa trabajó de forma especialmente intensa la estrofa clásica, atraído por la precisión, el ritmo y el sonido, y por todo lo que una forma exigente obliga a resolver dentro del poema. Esa disciplina formal dejó una huella profunda en su manera de escribir y ayuda a explicar la atención a la estructura que recorre su obra posterior.
Ingeniero industrial de formación, ha desarrollado durante décadas su actividad profesional en un mundo técnico hecho de máquinas, medidas, materiales, fluidos y mecanismos, al tiempo que mantenía una relación constante con la literatura. En su escritura esos dos ámbitos no aparecen enfrentados: una ecuación, una bomba, una herramienta o una carretera pueden convivir con un recuerdo familiar, una canción, un árbol o una palabra del campo.
Esa convivencia entre conocimiento técnico y escritura ha llevado al crítico Vicente Luis Mora a situar su obra, junto a la de Agustín Fernández Mallo, Javier Moreno y Carlos Briones, dentro de las hibridaciones científicas de la poesía española contemporánea.
Viajar, caminar y observar forman también parte de su manera de relacionarse con el mundo. Le interesa recorrer ciudades, paisajes y montañas, pero también detenerse en aquello que suele pasar inadvertido: un objeto, una construcción, una palabra casi perdida, una forma de trabajar la tierra, un fenómeno físico o una pequeña anomalía del paisaje. En esa mirada se mezclan el técnico, el naturalista, el lector, el viajero, el paseante y el observador paciente.
También participa activamente en la vida pública y cultural de Morata de Jalón, donde ejerce responsabilidades municipales y ha impulsado distintas iniciativas vinculadas a la cultura, la participación y el territorio.
Su poesía nace en buena medida de esa convivencia. De la idea de que conocimiento y emoción no ocupan lugares separados y de que lo extraordinario puede encontrarse tanto en una obra de arte o un viaje como en una bisagra, una acequia, una baldosa o el peralte de una carretera.
Pasados los cincuenta publicó su primer poemario, Uno efe siete, en Pre-Textos. Llegaba después de muchos años de escritura, lectura y trabajo paciente con la forma. El libro obtuvo el IV Premio de Poesía Antonio Ródenas García-Nieto.
Lecturas y afinidades
Entre sus lecturas de formación están los sonetos y una larga tradición de poesía en la que ha buscado precisión, ritmo y sonido. A ella se suman autores como Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Machado —especialmente el de Juan de Mairena—, Pessoa o Szymborska. También le acompañan voces más próximas a la condensación y al pensamiento poético, como Antonio Porchia, Roberto Juarroz, Joan Margarit o Pedro Casariego Córdoba.
Es lector habitual de poesía contemporánea y mantiene una relación intensa con la literatura rusa y con autores de otros géneros, entre ellos Stefan Zweig o Benjamín Labatut. También lee teatro con frecuencia y siente una especial afinidad por Juan Mayorga y por un teatro capaz de intervenir en su tiempo, plantear conflictos morales, sociales y políticos y obligar al espectador a mirar de nuevo aquello que creía comprender.
Hay además una afinidad muy cervantina en su manera de leer y de mirar: el gusto por la ironía, la digresión, la mezcla de registros y la convivencia entre lo culto y lo aparentemente menor.
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